
En el fútbol, el grito sagrado es el gol. No importa si la conversión es fruto de un rebote en el tobillo, un bombazo al ángulo desde afuera del área, una apilada sublime como la de Diego a Inglaterra en el ‘86, un tanto que tuvo a la rodilla como protagonista, o uno empujado con la cabeza. Es gol. Vale uno. Es la puerta abierta al éxtasis o un vuelo directo a la “cargada” del día siguiente cuando el gol se sufre en el arco propio. Porque el gol también se sufre.
El gol es el gol y hay cientos, miles, millones de páginas escritas con goles de todas las formas y vibraciones; cientos de videos en las casas de futboleros de cualquier país del planeta; fotos de las revistas del abuelo con un algún gol de antología ya en color amarillento; y hasta grabaciones de radio con el relato de ese instante que es capaz de marcar un antes y un después en la historia de cada uno. Todo eso puede el gol. Y a nosotros nos encanta estar ahí, siendo testigos privilegiados del momento de gloria.


